Napoleón: Memorial en Santa Elena. De la vanidad y el egoísmo consumista al “decrecimiento responsable”.

La república -por uno, hoy en día, que lo sacrifique todo al bien público, hay millares y millones que no conocen más que su propio goce, su vanidad. En París se considera a la gente por su coche, y no por su virtud.

Napoleón, Memorial (en Santa Elena)

Leído anoche en el capítulo XXII de la novela Rojo y negro de Marie-Henri Beyle, más conocido por Stendhal. Napoléon es el espejo en el que se mira el protagonista, Julián Sorel, para salir de la pobreza y alcanzar el éxito social.

La Carta de la Bolsa Cambio de tercio – y 2 Santiago Niño Becerra

Paralelamente, el show del ‘decrecimiento’, del crecimiento ‘responsable’. Se pasan 25 años diciéndonos que si a los 35 años no tienes un Modena, una casa en Costa Esmeralda, un ático en Kensington, y un yate en Newport eres un fracasado (a las mujeres aún no se ha aplicado, así, esa receta). Nos bombardean [los malditos publicitarios] con que la gente tiene que consumir, que regalar -lo que sea- es elegante, que hay que fabricar coches baratos para que hindúes y chinos los consuman. Y ahora empiezan a decir que hay que trabajar menos y vivir mejor, que hay que consumir lo justo, que no hay que estar centrados sólo en la vida profesional. ¡Vaya cambio!, ¿no?…

Ahora al ‘Esto es lo que hay: te conformas’, le llaman ‘decrecimiento’: ¡otra puta mierda!

Goethe, los limoneros y Stendhal. Mignon: Kennst du das land?

Anoche, mientras reanudaba la lectura de Rojo y Negro de Stendhal, en Radio Clásica, -cual azar amigo recitaron el más famoso poema en lengua alemana, de Goethe y frecuentemente musicado (Mignon es el nombre alegórico de Italia). Ambos autores, junto al resto de escritores románticos europeos, compartían la admiración por dicha tierra, gentes y, en definitiva, Cultura.

Boccanegra (39) Kennst du das land?

¿Conoces la tierra donde florecen los limoneros,
las doradas naranjas relucen entre sombrías hojas,
donde una suave brisa sopla bajo el cielo azul,
y se encuentra el silencioso mirto y el frondoso laurel?
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacia allí
quisiera andar junto a ti, amado mío!

¿Conoces la casa? Sobre columnas descansa su techo,
la sala resplandece, el aposento brilla
y los bustos de mármol me miran y preguntan:
¿Qué te han hecho, pobre criatura?
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacía allí
quisiera andar junto a ti, mi protector!

¿Conoces la montaña y su sendero entre las nubes?
La mula busca el camino a través de la niebla;
en cavernas habita la antigua raza de los dragones;
¡al abismo se arroja la roca y sobre ella el torrente!
¿La conoces acaso?
¡Hacia allí, hacia allí
se dirige nuestra senda! ¡Oh, padre, vayamos!

Kennst du das land? Goethe

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