«El mundo es un carro de heno, del cual cada uno toma lo que puede»

Wikipedia ES El carro de heno

El Bosco: El carro de heno (tablilla derecha: El Infierno)El Bosco en la obra pretende relatar cómo todas las clases sociales quieren conseguir su parte de heno del carro, es decir, su parte de placeres y riquezas. Se retrata como los más poderosos como por ejemplo emperadores, reyes, y papas que encontramos en la izquierda del cuadro no tienen problemas para alcanzar su «ración de placer», mientras que las clases menos pudientes de la sociedad no lo tienen tan sencillo, y tienen que pisotearse o matarse e incluso son atacados por demonios para poder alcanzar algunos de esos «placeres».

La escena puede estar basada en el proverbio flamenco que reza: «El mundo es un carro de heno, del cual cada uno toma lo que puede». Todo tipo de personas se agolpa junto al carro, y desde el Papa a los más plebeyos arrancan los puñados de paja. Es una aplastante sátira de un mundo que ha abandonado a Dios.

La temática del cuadro se debe en gran parte a que El Bosco fue un pintor moralizante y crítico con la sociedad de su tiempo, y este cuadro es un fiel reflejo de su actitud al respecto. También en su más famoso tríptico, El jardín de las delicias, utilizó los mismos principios moralizantes que se vuelven a ver representados en este cuadro.

El carro de heno muestra el infierno de los vicios, denuncia el gusto por las riquezas terrestres tan efímeras, lo que anuncia las vanidades de los siglos siguientes.

Leer más de esta entrada

Memorial de un fracaso (1974) de Juan Pedro Quiñonero: recopilación de críticas literarias y artículos varios

Un joven periodista y escritor escribía treinta y cuatro años atrás, en el libro que estoy actualmente leyendo:

Las palabras y los dioses

Llamad a los dioses: vendrán. Los libertinos no están amodorrados. R. Ch.

Una considerable parcela de la obra de Picasso está consagrada a desvelar un posible sentido contemporáneo de la mitología clásica mediterránea. El minotauro y los dioses del panteón heleno germinan en la selva que el pintor fragua en su honor. Y emergen, gigantescos y proteicos, confundiéndose con los hombres, en una orgía desmesurada, deseosos de amancebarse con los mortales, despertando del légamo del olvido para sobrevivir en la eterna ficción del arte. Un Retrato de Silvette puede representar a Artemis; las Mujeres de Argel todavía escuchan el eco de un hexámetro de la Eneida; su Alegría de vivir; Pastoral reconstruye el paisaje de Dafnis y Cloe; las Mujeres acostadas nos hablan de Juno; la Pesca nocturna en Antibes inventa de nuevo el fragmentalismo de algún pasaje de la Odisea; el Pintor trabajando, observado por un modelo desnudo I y II, rememora a Horacio hablando del verso que inventa el caudal de la historia; la Orgía del minotauro descubre el libertinaje de los hombres y los dioses devanando la madeja de un banquete ancestral, donde los cuerpos festejan el triunfo de las pasiones y los dioses se confunden con ellas…

Memorial de un fracaso, por Juan Pedro Quiñonero (1974)

Memorial de un fracaso, por Juan Pedro Quiñonero (1974), pág 17-18.