El nobel de literatura Mario Vargas Llosa y los nacionalismos. La guerra del fin del mundo (1981).

EL PAÍS Raza, botas y nacionalismo Mario Vargas Llosa, 15.01.2006

El nacionalismo es la cultura de los incultos, una entelequia ideológica construida de manera tan obtusa y primaria como el racismo (y su correlato inevitable), que hace de la pertenencia a una abstracción colectivista -la nación- el valor supremo y la credencial privilegiada de un individuo.

Wikiquote Nacionalismo

Mario Vargas Llosa

  • “El nacionalismo, lo mismo el centralista que los periféricos, es una catástrofe en todas sus manifestaciones”.
  • “[…] Claro que es una enfermedad; en la práctica, un rechazo del otro porque es la aspiración completamente utópica de ir hacia sociedades racial, religiosa o ideológicamente homogéneas. Y eso no es democrático y, además, no es realista, porque todas las sociedades han evolucionado y se han diversificado extraordinariamente, que es lo que la globalización significa, un fenómeno del que nadie puede apartarse”.
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Juan Pedro Quiñonero [Entrevista]: Periodismo cultural y otras miserias de las mafias filantrópicas españolas

Don Juan Pedro QuiñoneroMientras esperamos el día que a mi apreciado Don Juan Pedro Quiñonero le sea otorgado el Premio Nacional de Literatura, recomiendo leer la interesante entrevista de Ernesto Hernández para la cultural Revista Trama y Texturas.

Por lo que cuenta, podemos entender que no lo haya recibido todavía y tal vez nunca sea objeto de él mientras la actual partitocracia -apoyada por los medios de (in)comunicación tradicionales- siga cortando el bacalao en España.

Una temporada en el infierno Periodismo cultural (¿?) y otras miserias

PEONES PUBLICITARIOS Y MAFIOSOS

EH. En otros sectores de la cultura con mayor desarrollo digital, el periodista cultural ha perdido peso pero lo han ganado determinadas publicaciones digitales, en general sectoriales. ¿Ocurrirá también con el libro?

– Pues vaya usted a saber… en mi caso, advierto que algunos editores son sensibles a las cosas que hago sobre sus libros, ocasionalmente. Pero las publicaciones digitales son muy modestas, comparativamente. Y los intereses de las industrias de la incultura y la incomunicación son muy poderosos: se pesan en centenares de miles y millones de euros. Hace apenas treinta o cuarenta años, los escritores defendían ideas, se peleaban con mucho brío para defender estilos o escuelas de pensamiento. Hoy prefieren no meterse en líos intelectuales y culturales. Lo que hoy funciona son las mafias filantrópicas. Quienes se integran en tales mafias pueden tener un peso evidente.

EH. ¿Qué capacidad de acción tienen los periodistas culturales en los medios en los que trabajan? ¿Qué posibilidad de influencia poseen ante los intereses de los medios que les pagan?

– Alguna hay. Pero no es fácil decir “NO” a quien te paga un salario mensual con dos objetivos: que sirvas de peón publicitario para promocionar las cosas que edita la casa; y que no compliques la cosa con ideas propias. En algún caso heroico, algún crítico se atrevió a criticar un libro de la casa: lo pusieron de patitas en la calle inmediatamente. La ausencia de solidaridad intelectual y el silencio de los colegas fue llamativo, absoluto, total. Lo que funciona es la sumisión al calendario que impone la gente que manda en la cosa. El resto es silencio. Silencio cómplice, en la mayoría de los casos…

Historias Relacinadas

Napoleón: Memorial en Santa Elena. De la vanidad y el egoísmo consumista al “decrecimiento responsable”.

La república -por uno, hoy en día, que lo sacrifique todo al bien público, hay millares y millones que no conocen más que su propio goce, su vanidad. En París se considera a la gente por su coche, y no por su virtud.

Napoleón, Memorial (en Santa Elena)

Leído anoche en el capítulo XXII de la novela Rojo y negro de Marie-Henri Beyle, más conocido por Stendhal. Napoléon es el espejo en el que se mira el protagonista, Julián Sorel, para salir de la pobreza y alcanzar el éxito social.

La Carta de la Bolsa Cambio de tercio – y 2 Santiago Niño Becerra

Paralelamente, el show del ‘decrecimiento’, del crecimiento ‘responsable’. Se pasan 25 años diciéndonos que si a los 35 años no tienes un Modena, una casa en Costa Esmeralda, un ático en Kensington, y un yate en Newport eres un fracasado (a las mujeres aún no se ha aplicado, así, esa receta). Nos bombardean [los malditos publicitarios] con que la gente tiene que consumir, que regalar -lo que sea- es elegante, que hay que fabricar coches baratos para que hindúes y chinos los consuman. Y ahora empiezan a decir que hay que trabajar menos y vivir mejor, que hay que consumir lo justo, que no hay que estar centrados sólo en la vida profesional. ¡Vaya cambio!, ¿no?…

Ahora al ‘Esto es lo que hay: te conformas’, le llaman ‘decrecimiento’: ¡otra puta mierda!

Castilla, de José Martínez Ruiz “Azorín”

Días atrás, Antonio Castillo Algarra recomendóme el libro Castilla del escritor de la Generación del 98 Azorín en los comentarios de El bombardeo de París, Azorín y la prosa castellana  de Juan Pedro Quiñonero (Una temporada en el infierno); en su lectura ando estas noches; recomiendo a su vez a los lectores nauscópicos, y así ellos puedan cerrar, algún día, el círculo.

En 1845 apareció en Madrid una interesante revista literaria, El Siglo Pintoresco. En la viñeta que adorna su primer número, vemos otra primitiva y extraña imagen, muy chiquita, de un ferrocarril. Figuran en la viñeta, como representaciones del trabajo y de los deportes, una imprenta, un jardín, una plaza de toros y ese microscópico tren. El tren lo componen un cajón alargado, con una chimenea humeante, puesta casi en la parte posterior, y detrás seis vagoncitos que marchan por la tierra, sin que se vea señal ninguna de rieles.

[…] Sí; tienen una profunda poesía los caminos de hierro. La tienen las anchas, inmensas estaciones de las grandes urbes, con su ir y venir incesante -vaivén eterno de la vida- de multitud de trenes; los silbatos agudos de las locomotoras que repercuten bajo las vastas bóvedas de cristales; el barbotar clamoroso del vapor en las calderas; el zurrir estridente de las carretillas; el tráfago de la muchedumbre; el llegar raudo, impetuoso, de los veloces expreso; el formar pausado de los largos y brillantes vagones de los trenes de lujo que han de partir un momento después; el adiós de una despedida inquebrantable, que no sabemos qué misterio doloroso ha de llevar en sí; el alejarse de un tren hacia las campiñas lejanas y calladas, hacia los mares azules. Tienen poesía las pequeñas estaciones en que un tren lento se detiene largamente, en una mañana abrasadora de verano; el sol lo llena todo y ciega las lejanías; todo es silencio; unos pájaros pían en las acacias que hay frente a la estación; por la carretera polvorienta, solitaria, se aleja un carricoche hacia el poblado, que destaca con su campanario, agudo, techado de negruzca pizarra. Tienen poesía esas otras estaciones cercanas a viejas ciudades, a las que en la tarde del domingo, durante el crepúsculo, salen a pasear las muchachas y van devaneando lentamente, a lo largo del andén, cogidas de los brazos, escudriñando curiosamente la gente de los coches. Tiene poesía la llegada del tren, allá de madrugada, a una estación de capital de provincia; pasado el primer momento del arribo, acomodados los viajeros que esperaban, el silencio, un profundo silencio, ha tornado a hacerse en la estación; se escucha el resoplar de la locomotora; suena una larga voz; el tren se pone otra vez en marcha; y allá, a lo lejos, en la oscuridad de la noche, en estas horas densas, profundas de la madrugada, se columbra el parpadeo tenue, misterioso, de las lucecitas que brillan en la ciudad dormida: una ciudad vieja, con callejuelas estrechas, con una ancha catedral, con una fonda destartalada, en la que ahora, sacando de su modorra al mozo, va a entrar un viajero recién llegado, mientras nosotros nos alejamos en el tren por la campiña negra, contemplando el titileo de esas lucecitas que se pierden y surgen de nuevo, que acaban por desaparecer definitivamente.

Castilla, Los Ferrocariles pág 21, 22 y 23.
José Martínez Ruiz, Azorín

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Ana María Matute, mi amor platónico, en L’hora del lector

“leerla es amarla”, maty dixit

L’hora del lector 29/01/2009: Ana María Matute, la convidada d’avui (amb concurs)

Ana Mª MatuteBenvolguts amics i benvolgudes amigues dels paradisos particulars, i amigues i amics també dels paradisos infantils que són els que duren tota la vida, i amics i amigues així mateix de la literatura primigènia, aquesta nit, a L’hora del lector, al voltant de les 23 h 15′, per dir una hora, l’amic Emili Manzano conversarà amb l’escriptora Ana María Matute a propòsit del seu nou llibre Paraíso inhabitado (Destino, 2009)

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