Juan Pedro Quiñonero, un orgullo para quienes le tratamos. Ganador del premio de la APM por su trayectoria profesional.

Es para mí un orgullo la buena nueva para mi apreciado -de vez en cuando discrepamos fuertemente- Juan Pedro Quiñonero, a quien leo en la red desde el 2005, aunque sólo sea yo la chacha de su casa bitacoril -también el comentarista más activo.

Una temporada en el infierno Quiñonero gana el premio Rodríguez Santamaría de la APM

Juan Pedro QuiñoneroCorresponsal de ABC en París desde 1983, Juan Pedro Quiñonero comenzó a colaborar en «Arriba», siendo director Manuel Blanco Tobío, y como reportero en el diario «Informaciones».

Formó parte del equipo fundacional del suplemento literario «Informaciones de las Artes y las Letras» , en los años 70 del siglo pasado.

Fue enviado especial y corresponsal diplomático, en Europa, Rusia, EE.UU., Oriente medio y América central, para «Diario 16» y «Cambio 16», SER, A 3 y Onda Cero.

Ha escrito novelas, ensayo político, ensayo literario y crítica de arte. Entre ellas destacan «De la inexistencia de España» y «Ramón Gaya y el destino de la pintura».

Historias Relacionadas

Juan Pedro Quiñonero [Entrevista]: Periodismo cultural y otras miserias de las mafias filantrópicas españolas

Don Juan Pedro QuiñoneroMientras esperamos el día que a mi apreciado Don Juan Pedro Quiñonero le sea otorgado el Premio Nacional de Literatura, recomiendo leer la interesante entrevista de Ernesto Hernández para la cultural Revista Trama y Texturas.

Por lo que cuenta, podemos entender que no lo haya recibido todavía y tal vez nunca sea objeto de él mientras la actual partitocracia -apoyada por los medios de (in)comunicación tradicionales- siga cortando el bacalao en España.

Una temporada en el infierno Periodismo cultural (¿?) y otras miserias

PEONES PUBLICITARIOS Y MAFIOSOS

EH. En otros sectores de la cultura con mayor desarrollo digital, el periodista cultural ha perdido peso pero lo han ganado determinadas publicaciones digitales, en general sectoriales. ¿Ocurrirá también con el libro?

– Pues vaya usted a saber… en mi caso, advierto que algunos editores son sensibles a las cosas que hago sobre sus libros, ocasionalmente. Pero las publicaciones digitales son muy modestas, comparativamente. Y los intereses de las industrias de la incultura y la incomunicación son muy poderosos: se pesan en centenares de miles y millones de euros. Hace apenas treinta o cuarenta años, los escritores defendían ideas, se peleaban con mucho brío para defender estilos o escuelas de pensamiento. Hoy prefieren no meterse en líos intelectuales y culturales. Lo que hoy funciona son las mafias filantrópicas. Quienes se integran en tales mafias pueden tener un peso evidente.

EH. ¿Qué capacidad de acción tienen los periodistas culturales en los medios en los que trabajan? ¿Qué posibilidad de influencia poseen ante los intereses de los medios que les pagan?

– Alguna hay. Pero no es fácil decir “NO” a quien te paga un salario mensual con dos objetivos: que sirvas de peón publicitario para promocionar las cosas que edita la casa; y que no compliques la cosa con ideas propias. En algún caso heroico, algún crítico se atrevió a criticar un libro de la casa: lo pusieron de patitas en la calle inmediatamente. La ausencia de solidaridad intelectual y el silencio de los colegas fue llamativo, absoluto, total. Lo que funciona es la sumisión al calendario que impone la gente que manda en la cosa. El resto es silencio. Silencio cómplice, en la mayoría de los casos…

Historias Relacinadas

Carta oberta a Emili Manzano a propòsit del llibre “De la inexistència d’Espanya” de Juan Pedro Quiñonero

Benvolgut Emili

Emili Manzano Mulet, escriptor i presentador de L'hora del lectorEscric la present per a suggerir-li, des de la humilitat d’un blocaire català anònim seguidor habitual de la seva bitàcola i del seu programa cultural televisiu, que convidi a l’escriptor i degà dels corresponsals espanyols a París Juan Pedro Quiñonero al seu programa de culte en Televisió de Catalunya “L’hora del lector”.

 

L’excusa per a això és pefecta: la recent -gener 2008- traducció al catalá, de la mà del poeta mallorquí Jaume Pomar, d’una de les escasses obres mestres de la Cultura en la nostra llengua comuna: De la inexistència de España (Editorial Moll).

De la inexistència d'Espanya, Juan Pedro Quiñonero (Editorial Moll)Com tu, permeti-se’m el tutejament, Juan Pedro, des del seu exili parisenc, enyora als seus avantpassats (familiars i literaris) i els records de la seva terra totanera. Des del respecte a les seves arrels cap a la universalitat de la Gran Cultura.

Amic íntim del convidat d’aquesta nit, Baltasar Porcel, coneixedor exhaustiu de la cultura en llengua catalana, defensor a ultrança, seguint el deixant de Camilo J. Cela -des de l’extint diari vespertí Informacions- en la dècada dels setanta de l’elecció com acadèmic de Josep Pla, la seva obstinació en l’enteniment entre les distintes españas des del coneixement mutu de les cultures presents i passades en totes les llengües hispàniques.

 

Estic convençut que Baltasar defensarà amb més passió la presència de Juan Pedro en el programa. Pregunti-li i faci cas dels seus consells magistrals.

 

Atentament

maty

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Memorial de un fracaso (1974) de Juan Pedro Quiñonero: recopilación de críticas literarias y artículos varios

Un joven periodista y escritor escribía treinta y cuatro años atrás, en el libro que estoy actualmente leyendo:

Las palabras y los dioses

Llamad a los dioses: vendrán. Los libertinos no están amodorrados. R. Ch.

Una considerable parcela de la obra de Picasso está consagrada a desvelar un posible sentido contemporáneo de la mitología clásica mediterránea. El minotauro y los dioses del panteón heleno germinan en la selva que el pintor fragua en su honor. Y emergen, gigantescos y proteicos, confundiéndose con los hombres, en una orgía desmesurada, deseosos de amancebarse con los mortales, despertando del légamo del olvido para sobrevivir en la eterna ficción del arte. Un Retrato de Silvette puede representar a Artemis; las Mujeres de Argel todavía escuchan el eco de un hexámetro de la Eneida; su Alegría de vivir; Pastoral reconstruye el paisaje de Dafnis y Cloe; las Mujeres acostadas nos hablan de Juno; la Pesca nocturna en Antibes inventa de nuevo el fragmentalismo de algún pasaje de la Odisea; el Pintor trabajando, observado por un modelo desnudo I y II, rememora a Horacio hablando del verso que inventa el caudal de la historia; la Orgía del minotauro descubre el libertinaje de los hombres y los dioses devanando la madeja de un banquete ancestral, donde los cuerpos festejan el triunfo de las pasiones y los dioses se confunden con ellas…

Memorial de un fracaso, por Juan Pedro Quiñonero (1974)

Memorial de un fracaso, por Juan Pedro Quiñonero (1974), pág 17-18.

Ana María Matute, Fernando Fernán Gómez y Juan Pedro Quiñonero. El español desprecio de la excelencia.

El silencio y/o escasa repercusión en Cataluña de la concesión del premio Nacional de las Letras Españolas a una gran escritora catalana y española como Ana María Matute en la mayoría de medios de (in)comunicación catalanes -imbuidos hasta la médula de la enfermedad del nacionalismo excluyente-, anima esta anotación.

Para ello, nada mejor que las palabras del recientemente fenecido Fernando Fernán Gómez, de genio -en los dos sentidos- incuestionable.

Aprovecho nuevamente para hacer pública mi admiración sincera por el dominio de la lengua española y la insondable Cultura que atesora mi apreciado Juan Pedro Quiñonero.

 

EL PAIS El arte del desprecio, por Javier Cercas 25.02.2007

En ‘La silla de Fernando’, un documental que es sobre todo un admirable ejercicio de admiración filmado por Luis Alegre y David Trueba, Fernando Fernán-Gómez afirma que, contra lo que suele creerse, el pecado nacional de los españoles no es la envidia, sino el desprecio; o, mejor dicho, el desprecio de la excelencia: quien envidia desearía escribir las 1.200 páginas del Quijote, dice Fernán-Gómez; quien desprecia es el que dice: “Pues, chico, yo he leído 30 páginas del Quijote y no es para tanto”.

…Aquí, en efecto, la admiración parece estar siempre bajo sospecha: quien la practica sólo puede ser un pazguato, un indocumentado, un hipócrita, un adulador o un arribista; el desprecio, en cambio, es síntoma inequívoco de inteligencia e insobornabilidad, y quien lo ejerce es considerado sin falta un espíritu superior, independiente y veraz.