«Al infinito y ¡más allá!» ¿BuzzLightyear? No, Luis Rivera

En el bosque Mirando el infinito y Nadie, Luis Rivera

Luis Rivera

El infinito es siempre uno más: por eso no estremece su vastedad, la que nunca se ve. El infinito, de existir, es un día más, otro ciclo, una primavera, un poco de barba cerrada por la que pasar la máquina, una arruga y un kilo de más, otro amanecer, un plato de comida, páginas de libros y el mismo paisaje adormecido, el mismo paisaje que retorna; nunca el mismo paisaje, mudando el color, asomando la hierba, acariciando el viento la copa del árbol que siempre es otra copa, una y mil copas del mismo árbol a lo largo del día. Decir del infinito cualquier cosa es no decir verdad, seguro equivocarse. No se puede abarcar, dicen: y es mentira. Imaginarlo es imposible, dicen: y es mentira. Para imaginar el infinito basta cerrar los ojos y dejarse ir al territorio interior del pensamiento, culebreando a su antojo entre los pliegues de un cerebro que imagina lo inimaginable: el infinito es una música hecha de un silencio soportable, percibida, sí, pero irrepetible…