De la inexistencia de España. Capítulo I. Una encrucijada histórica.

Anotado el 24.07.2006

  1. ¿EXISTIREMOS MÁS ALLÁ DE LOS NÚMEROS?
  2. LIBERTAD E IDENTIDAD HIPOTECADAS A LA NUEVA GEOGRAFÍA DEL PODER MUNDIAL
  3. RIESGOS DE UNA EXISTENCIA MERAMENTE VIRTUAL

¿Existe todavía España?…

¿Cuándo comenzó a desaparecer España, si es que alguna vez llegó a ser Ella misma?

El carro de heno, por El BoscoJuan Pedro Quiñonero, en este capítulo de presentación de “De la inexistencia de España”, nos anticipa, veladamente, la tesis sobre la que estructura su obra (a tener presente la fecha de publicación: 1998): la desvertebración de lo que conocemos como España, pasada, presente y futura. Pasada, por nuestra turbulenta y convulsa historia, rica en enfrentamientos civiles. Presente, por la incompleta transición hacia el modelo de estado autonómico. Futura, por la omnipresente, ya, globalización.


“La única realidad en verdad perdurable de España es la realidad milenaria de su cultura y sus lenguas”

Ante la constatación del reiterado fracaso histórico en la estructuración de una conciencia nacional, el autor recupera la propuesta juanramoniana de “arquitectura espiritual”, enriqueciéndola, sin decirlo, con la de Joan Fuster (“nuestra lengua es nuestra patria”, Qüestió de noms) y su apuesta por las lenguas y culturas hispánicas para vertebrar la identidad española, hispana. Las siguentes palabras plasman tal visión (fijémonos detenidamente en el texto siguiente, en la rica y cuidada prosa quiñoneril):

“Sólo la realidad de sus artes y sus lenguas ofrece a España una identidad sólida, bien enraizada en su historia material en la historia de su conciencia. Realidad problemática y conflictual, también, hoy como ayer, porque España continúa buscando, desde hace siglos, la columna vertebral de esa arquitectura espiritual, que comenzó a germinar y echar raíces a través de las jarchas, en forma de poemas escritos y cantados en romance, árabe y hebreo, hacia los siblos X y XI, anunciando una nueva primavera espiritual, lírica, díría Dámaso Alonso, de todos los pueblos europeos.

Esa primera realidad de la conciencia de lo que ya era España y ya eran los españoles, de muy distinta lengua, romance, mozárabe, árabe y hebreo, vivió y existió en la tumba del olvido y la ignorancia durante cerca de quinientos años. Medio siglo corto después del descubrimiento y revelación de las jarchas, ni España ni los españoles han sabido explicar ni comprender, completa y definitivamente, los frutos políticos e históricos de esa simienta donde florecieron las primeras formas de ser genuinamente españolas.”

Este primer capítulo, de fácil y corta lectura (6 páginas) difiere del resto, donde el lector es requerido a un ingente esfuerzo para poder asimilar la densidad de contenidos, referencias, reseñas… que nos permitirá forjar, de la mano de Quiño, nuestro espíritu.

Abriendo aleatoriamente el libro, al tercer intento, puede leerse (cap. XI Cartografías para una España futura, pág 372):

“En castellano, el Oficio de tinieblas (1973) de Cela, o De la Naturaleza (1971-1977), en mi caso personal, llevan la novela a la frontera o el abismo estilístico que años atrás habían explorado The Naked Lunch (1959), de William Burroughs, y Comment c’est (1964), de Samuel Beckett, culminando una tradición inaugurada por el San Antonio de Flaubert, el San Petersburgo de Andrei Biély y el viaje al fin de la noche celiniano”.

Esta obra enciclopédica resulta imprescindible (no en vano fue presentada por el propio Camilo José Cela en la Biblioteca Nacional), se me antoja, en la bilioteca de todo aquel amante de la Cultura. Para ser leída una y otra vez con el paso de los años, íntegramente o, más probablemente, fragmentariamente, por capítulos. Su atenta lectura nos invita a iniciar, con humildad, el largo camino seguido por Juan Pedro desde su más tierna infancia, alentado en su día por sus progenitores, Juan y Luz, tal como está recogido en “Retrato del artista en el destierro”, su aventura/desventura personal y familiar.

Somos afortunados, muy afortunados, por tener a Don Juan Pedro Quiñonero como preceptor. Mi respeto y cariño hacia su persona no deja de incrementarse. Leerle es quererle.



Volviendo a abrir aleatoriamente el libro, en el primer intento, encuentro una joya de la prosa quiñoneril -el libro es pleno, que tanto me ha subyugado y subyuga (cap. VII Cimientos de una arquitectura desconocida, pag 190), que reproduzco con el solo ánimo de incitar en ti, querido lector de esta bitácora, el ansia por la lectura de la gran obra “De la inexistencia de España” y su posesión:

Quevedo, el hombre de mundo, el embozado de capa y espada, asiste y contempla el derrumbamiento de los muros de la patria, Madrid y España, y el yo más íntimo, el exilio del español en su patria, al principio de la crisis donde España entera se hunde en el precipio sin fondo de un desierto poblado por las alimañas y los diablos de la Germanía. De Roma sólo “lo fugitivo permanece y dura”.

Quevedo, el poeta enamorado, encuentra, en castellano, en el siglo XVII, la llama que buscaban los místicos musulmanes, como Ibn Arabí (Murcia, 1165 – Damasco, 1240), en árabe, y los místicos judíos, catalanes y castellanos, como Moisés de León (León, ¿1240?, Arévalo, 1305), en arameo y en hebreo: la palabra que consigue vencer el imperio de la muerte, dando a las cenizas la luz que continúa iluminándonos y guiando nuestros pasos.

[…]

La metamorfosis del Verbo en Hombre de la que nos habla Juan el Evangelista, es el doble, inverso, de la metamorfosis del hombre en polvo y agua enamorados, en la mística musulmana (sufí) y judía (cabalística).

Releyendo el Corán, con su Tratado del amor, fragmento capital de las Revelaciones de la Meca (escritas en Damasco, al final de su vida, publicadas por primera vez, en El Cairo, en 1293), Ibn Arabí, traducido al español, por Miguel Asín Palacios, en 1931, cuenta la siguiente leyenda:

Una de las historias más delicadas que yo he aprendido acerca del éxtasis del que ama a Dios, es la de uno que entró a casa de un maestro espiritual, el cual le empezó a hablar del amor, y [a medida que lo oía], iba enflaqueciendo, fundiéndose, licuándose en sudor, hasta que su cuerpo todo se deshizo, convirtiéndose en un charco de agua líquida sobre el suelo. Entró a buscarlo un amigo suyo, y no viendo a nadie en compañía del maestro, dijo a éste: “Dónde está fulano” Respondióle: “Esto es él”, y señaló el agua, explicándole lo que le había pasado. He aquí, pues, una descomposición bien extraña, una maravillosa transformación: no cesar de adelgazarse su grosero organismo, hasta convertirse en agua. Y [así resultó que] en un principio [aquel amante] vivía en virtud del agua, y ahora se ha convertido en vivificador de toda cosa.

Las cenizas del amante de Quevedo “tendrán sentido”. Serán polvo, “mas polvo enamorado”. Y, en tanto que tal, volverán a la tierra, para fecundarla e iluminarnos, a través de la palabra. No hay principio vivificador más puro y universal que el polvo enamorado: tierra fecundable; tierra que renace cada primavera; tierra virgen, la del primer lector de esos versos, que surca y siembra el río de la lengua. En el caso de Ibn Arabí, la metamorfosis del hombre enamorado en agua y el agua en principio espiritual proviene del Corán (Sura XXIV, 45, “Dios ha creado todos los seres a partir del agua”)

[…]

Quevedo precede a Rimbaud. El hombre des-almado de Quevedo (privado de su alma por el derrumbamiento de todeas las creencias) anuncia el desierto moderno, poblado de máquinas sin alma y telares endemoniados (Blake), donde se hila y deshila el Tiempo sin espíritu del trabajador contemporáneo, que comenzó a nacer en la España del Barroco. El poeta del Eclesiastés, en una Palestina ocupada por los Tolomeos, sufría de la misma angustia, porque todavía se sentía ayuno de un alma propia, en la que dar cobijo a su condición errante, peregrina y amenazada.”

Acerca de maty
Nauscopio Scipiorum

4 Responses to De la inexistencia de España. Capítulo I. Una encrucijada histórica.

  1. JPQ dice:

    Maty,

    Ayayay… corro un tupido velo de Gratitud y vergüenza (dentro de un orden, claro),

    Q.-

  2. maty dice:

    Años atrás creé una bitácora específica, delainexistencia.nireblog.com, creyendo que otros de tus lectores habituales -más sabios que yo en estos temas culturales- se animarían con los siguientes capítulos, mas no fue así. A la hora de la verdad, prima el individualismo frente a la colaboración, uno de tantos males españoles.

    Volveré a releer la magna obra -por cuarta vez- y después iré escribiendo sobre cada capítulo, espaciadamente. Acostumbrado a la escritura rápida e irreflexiva, tu prosa me obliga a mejorar la mía, lo que es un buen ejercicio intelectual amén de satisfactorio.

    Tras su lectura subí el listón de mi exigencia, no tolerando libros sin buena prosa -tan habitual en los tiempos que corren, dejándolos a las primeras páginas.

    Por cierto, el viejo enlace al artículo de Juan Fuster ya no funciona. He generado un PDF y lo he resubido a Galeon.

    -> http://maty.galeon.com/pdf/Questio-de-noms-Joan-Fuster.pdf 106KB

  3. maty dice:

    He encontrado esta fotografía de la presentación del libro “De la inexistencia de España” en la Biblioteca Nacional, de la mano de Camilo José Cela.

    -> Imagen 1998 19 noviembre Biblioteca Nacional Presentación De la inexistencia de España Cela y Quiñonero baja

    Aparece en la anotación quiñoneril:

    -> Una temporada en el infierno Puesto de Cela en la historia cultural de España 09.04.2011

  4. JPQ dice:

    Maty,

    Casi fue ayer… esa fotografía sigue en mi despacho, claro. Ya no recuerdo si la utilicé yo mismo en mi blog.

    Q.-

"Age quod agis et bene agis" - Hagas lo que hagas, hazlo bien

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