La destrucción espiritual de España como antecedente de la Cataluña nacionalista excluyente actual. Albert Boadella.

DE LA INEXISTENCIA DE ESPAÑA, por Juan Pedro Quiñonero (1998)

IX. El siglo de oro y la destrucción espiritual de España.

     4. Quevedo y la Agonía de España, páginas 270-271

Juan Pedro QuiñoneroContra esa plaga del espíritu que une el destino apestado y apestoso del pequeño artesano cordobés, el campesino murciano o el comerciante castellano con el banquero genovés, Quevedo aconseja a su rey medidas expeditivas:

Quemar y justiciar los judíos solamente será castigo. Quemar y hacer polvo su caudal, romper los asientos, será remedio.

La Execración explica, razona y justifica la destrucción espiritual de España y los españoles en estos términos:

Dice que los judíos, por su propia culpa, están sujeros a perpetua esclavitud. […] Vea V.M.: si el mantenimiento que les fiamos le roen, si el regazo en que los abrigamos le envenenan, si el seno donde los recogemos le abrasan, ratones son, Señor, enemigos de la luz, amigos de las tinieblas, inmundos, hidiondos, asquerosos, subterráneos. […] Sus uñas depedazan la tierra en calabozos y agujeros, sus dientes tienen por alimento todas las cosas, o para comerlas o para destruirlas. […] Sierpes son, Señor, que caminan sin pies, que vuelan sin alas, resbaladizos, que disimulan su estatura anudándola, que se vibran flecha y arco con su lengua en los círculos sinuosos de su cuerpo, que se encogen para alargarse, que pagan en veneno desentomecido el abrigo que se les da. Fuego son que pagan en veneno desentomecido el abrigo que se les da. Fuego que paga la vecindad en incendios y la acogida en ceniza, que de pequeña centella crecen en hoguera, que tratados queman y vistos deslumbran, consentidos consumen y apagados ahúman y siempre con inquietud se dan priesa a consumir lo que los alimenta.

De la inexistencia de España, por Juan Pedro Quiñonero. Editorial tecnos, 1998. Portada. De la inexistencia de España, por Juan Pedro Quiñonero. Editorial tecnos, 1998. Contraportada.

A través de su palabra, Quevedo consuma tres metamorfosis diabólicas. Desposeído de su alma, sus ojos y su rostro, el hombre se convierte en bestia roedora y reptante. Sometida a una condición inferna, la bestia inmunda transmite plagas infames. Amenazada en sus fundamentos espirituales, la sociedad debe defenderse a través del exterminio masivo de esos hombres que son más peligrosos que cualquier humano y mortal enemigo, porque ellos son seres o cosas poseídas por un mal que todo lo devora y destruye a su paso: leen de otro modo el mismo Libro.

Sólo un intelecutal, un poeta, un artista, un místico, imbuido de una profunda fe en el Verbo y la Palabra, puede creer de modo tan profundo en el mal y las enfermedades del espíritu. Políticos y militares son mucho menos proclives a creer en la fuerza y el poder de las palabras. Ellos creen que pueden gobernar el mundo a través de las fuerzas de las armas o el dinero, el imperio de la seducción industrializada. De hecho, Isabel y Fernando, como sus sucesores inmediatos, tuvieron consejeros y banqueros judíos. Olivares (contra quien iba dirigida la Execración, en escorzo, no lo olvidemos) proyectaba grandes reformas contando con apoyo financiero internacional. Quevedo, hombre de letras antes que nada, creía en el poder luciferino de las palabras y las ideas.

Podía discutirse con Olivares en el campo en el campo de batalla o en el terreno financiero. Por el contrario, cuando la palabra sentencia la metamorfosis del hombre en rata, la rata en podredumbre larvaria, y la podredumbre en quiste venenosos, la conciencia de quien habla parece estar poseída o vivir en un espacio espiritual irrespirable para quienes no compartan el gusto por esas figuras de la retórica y la imaginación.

 

Albert Boadella

Criterio Recordando algunos antecedentes

“Si tuviera que escoger entre salvar la vida de un animal o de un ser humano, empezaría por el segundo. Únicamente tendría dudas en alterar el orden prioritario si el ser humano fuera Boadella”. (Remigi Casas, El Periódico de Catalunya)

“Son la nueva Falange. Fusilaron tanto como pudieron, enviaron miles al exilio y condenaron al silencio a la gran mayoría. Pues nosotros también queremos exterminarlos. ¡Qué carajo! Divirtámonos hasta morir, que la guerra a cara descubierta quizá ya ha comenzado”. (Oriol Malló, Avui)

“Arcadi Espada no debe tener el oído muy fino. Yo no grité: Boadella, hijo de puta. Lo que grité fue: Boadella, fill de puta”. (Joan de Sagarra, El País)

“Después de seguir la actitud del señor Boadella no iremos a ver La Torna; este será nuestro pequeño boicot. Emplazo a la gente que va normalmente al teatro a seguir mi ejemplo”. (Jordi Novell, Avui)

“Personas indignas como Boadella, amantes de la España una, grande y libre, que se emocionan más escuchando el himno nacional español que Els segadors“. (Rosa Maria Vives, Diari de Terrassa)

“Boadella se convierte en bufón tránsfuga y tramposo que solo busca la piedra filosofal que le conviene”. (Rafael Vallbona, El Mundo)

“Boadella es un miserable, porque siendo catalán, como decimos aquí De puerco y de señor hay que nacer de ello. Yo añadiría que él es, efectivamente, un miserable puerco”. (Joan Lacorte, Diari de Tarragona)

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Nauscopio Scipiorum

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